Me bajo aquí
Este Bus no da más de sí. Hace tiempo que decidí bajarme, pero no sé cómo desintegra uno un blog, cómo lo entierra en el basurero sideral, cómo lo hunde entre los pecios que un día fueron majestuosas naves o amañadas paterillas del pensamiento bogando por un piélago de nocturna ignorancia.
Ni siquiera servir de arrecife a las colonias de percebes del liberalismo “científico” patrio me dejan.
¡Qué cosecha, Señor! Como dicen en mi pueblo: ¡Vaya cabezas para un caldo de pescado!
El país en llamas, y ellos de alpinismo en Austria, como briosos montañeros románticos de Caspar David Friedrich. No, pobre Caspar. Dejémoslo en boy scouts de romería en grutas holladas por otros, al menos una centuria antes, siempre las mismas, siempre balizadas, para no perderse y regresar a casita a tiempo del bocata de nocilla o del bolo en el Ateneo. Hansel y Grettel sembrando de miguitas de narcisismo el camino a la casa del chocolate del loro del poder, pero no para derretirlo en su impostura, sino para zamparse sus propias miguitas. La lará larito.
Ajenos al ruido y la furia del presente, se ahogan en cubitos de hielo de los tiempos de la tercera o cuarta glaciación y preconizan un futuro blanco como un sudario, sin Estado ni Dios ni Democracia ni productos cárnicos y mortales. Amortajada utopía de lo más rancio, como todas las utopías, que siempre acaban en desencanto o en terror, o en todo a la vez.
Llegaron a postular el voto en blanco en las últimas Elecciones o a trabarse en debates como el de la propiedad de la calle durante un botellón a botellazos. Apasionante. Es como si, en medio de la Guerra Civil española, Orwell se hubiese dedicado a reportar a su periódico sobre la calidad de los tocinillos de cielo de Santa Teresa. Ni que viviéramos en Suiza o en pleno invierno escandinavo, cuando la gente se queda en casa jugando al Scrabble o suicidándose de éxito.
Desprecian lo que ignoran, empezando por la tradición liberal hispánica (dudo que hayan leído a Galdós, y estoy casi seguro de que, a muchos, Borges les suena a ciruelas de California) y pontifican de lo que no tiene futuro ni interesa fuera de su endogámica grey.
Lo que describo es una tendencia, no un estado exhaustivo de la agenda y el estilo de pensamiento de Red Liberal. Una página, por cierto, que ayudé humildemente a fundar con mi modesto blog (creado en marzo-abril de 2004 en plena conmoción por los atentados de Madrid), y al que aporté alguna que otra idea, desde sus primeros pasos. Me alegro de que Red Liberal haya crecido tanto, pero no de que se haya vuelto tan monolítica y aburrida.
Hay comentaristas a los que sigo y admiro, dentro de este movimiento o en sus aledaños. Me siento particularmente próximo a los enfoques, temas y estilos de Daniel Rodríguez, Antonio Golmar, Gabriel Calzada (por sus estupendos artículos quincenales en LD), Fernando Díaz Villanueva, José Carlos Rodríguez, Isidoro Lamas y los bloggers de Batiburrillo y Ajopringue.
Pero Red Liberal se ha convertido en otra cosa (lo cual está muy bien, todo debe cambiar para que nada cambie, opinamos algunos conservadores) y hace tiempo que deseaba fundar otro blog por mi cuenta y sólo para mis amiguitos, la mayoría de ellos no liberales (ni falta que les hace) es decir, para mi novia, que me lee desde Milán, y a la que mando un besazo desde aquí, para mis nuevos compis de la Facultad de Medicina y para alguno que otro que dejé en la política, en Canary Islands (que diría Margol. Un consejo de lector, gran Luis: cuidado con convertirte en portavoz de nada ni de nadie).
Todos me han dicho que el título de mi nuevo blog (El Putiferio. Las Bodas del Estado y la Chusma) es un poco heavy, pero yo creo que refleja exactamente mi visión de las cosas, llegado a este punto de la madurez en el que casi todo me la refanflinfla.
Para mí, el poder y la gente son la misma basura promiscua. Siempre están copulando, de una u otra forma. Creo que soy una especie de liberal misántropo, un individualista radical que sueña con el exterminio de la raza humana para quedarse con todo.
Me bajo del Bus, hay demasiada chusma.
Salto por libre y sin Red (Liberal).
A más ver, redecillas. Dani, cuando quieras, apaga la luz.