Barómetro de febrero del CIS: un análisis
Acaba de salir el avance del barómetro de febrero del CIS. Para este humilde usuario del Bus, las encuestas son algo así como un banquete de brownies. Y si hablamos de las del CIS, es como si me invitaran a la Mesa Cero de Embassy. Devoro hasta las fórmulas. Hay vicios peores, y también los tengo. Me he dedicado profesionalmente a analizarlas para el PP de Canarias, he hecho mis pinitos en el diseño de alguna y creo que me asiste cierta experiencia y conocimiento para recomendarles a Ustedes que no hagan caso a lo que leerán mañana en los diarios, especialmente, si son resúmenes basados en los despachos que acabo de leer en el servicio de Europa Press. Cuánto disparate en tan pocas líneas. Aquí les ofrezco mi análisis, por los viejos tiempos.
A modo de conclusión: si yo fuera dirigente del PP, ya estaría preparando las galas de las mejores noches electorales en el balcón de la sede de la calle Génova.
Ya sé que lo más atractivo son los indicadores electorales, de intención y estimación de voto. Es en lo primero que se fijan (nos fijamos) los periodistas.
Pero si realmente quieren saber cómo está el patio y, lo que es más importante, cómo pinta de cara a las elecciones, pongan el oído más fino a la calle y escuchen esto:
Cuando José Luis Rodríguez Zapatero tomó posesión como presidente, en abril de 2004, la confianza en la situación económica era del 59,3%. Hoy es del 45%. En menos de tres años, la confianza en la marcha de la economía se ha desplomado casi 15 puntos porcentuales. Hoy son mayoría los españoles que no confían en la situación económica del país.
Ahora confronten este estado de opinión con el optimismo de Zapatero en su campaña hacia las Elecciones locales y autonómicas del próximo 27 de mayo. Resulta que ha decidido hacer de los buenos indicadores macro el eje de su mensaje al electorado. A la vista del avance del barómetro del CIS, no hace falta ser un experto en comunicación política para darse cuenta de que está cometiendo un error garrafal.
Lo de la preguntita del precio del café, resulta que no va a ser una simple anécdota. La afición está más que mosqueada con las perspectivas económicas.
Cuando Zapatero llegó a La Moncloa, las expectativas de mejora eran compartidas por el 60,2% de la población. Hoy (barómetro de febrero del CIS), los que creen en una mejora son el 41%.
Pero, descendamos un poco más al detalle de la opinión de la gente. Tirémosle de la lengua para conocer su valoración de la situación económica actual. Hace tres años, al llegar Zapatero al poder, un 44,2% valoraba como “buena” o “muy buena” la situación económica. Hoy, esa franja es del 27,1.
En cambio, la de quienes creen que la situación es “mala” o “muy mala” ha pasado del 11,8 (Barómetro de abril de 2004) al 25%, es decir, se ha multiplicado por algo más que dos.
Si se le pregunta a la gente cómo cree que va a evolucionar su situación económica de aquí a un año, un 11,7 cree hoy que irá a mejor. ¿Saben cuántos, en abril de 2004, creían que su situación mejoraría en el plazo de un año? Un 26,8%. Por el contrario, los que creen que la situación empeorará representan hoy el 27,6%, frente al 11,8 de abril de 2004.
Merece la pena prestar atención, además, a la disminución del número de los que no saben qué responder sobre la situación prospectiva de la economía. En abril de 2004, en un momento de marcado optimismo económico, el porcentaje de los que “No saben” era del 26,4%. Lectura: en las fases de mayor euforia, la gente se retrae de expresarla.
Hoy, en cambio, los que “No Saben” cómo evolucionará la situación económica han caído al 11,2%. Lectura: la gente lo tiene claro, va a ir a peor.
¡Y Zapatero, hablando en los mítines de lo bien que marcha la economía! Si yo fuera dirigente del PP, haría todo lo posible por no desviarle de ese carril suicida. Que siga, que siga desconectado de la agenda de la gente, como demostró en el programa que le prepararon en TVE con cien entrevistadores espontáneos.
Fijémonos, ahora, de qué está compuesta esa agenda. ¿Cuáles son los problemas que más preocupan a los españoles, según el Barómetro del CIS?
El primer lugar lo ocupa el terrorismo y ETA. Cuando se le pide a los encuestados que destaquen tres, aparece en primer lugar, con una tasa del 42,5%. Y cuando se le pide que identifique un solo problema, también es el primero, con una tasa del 23,9%. Atención: el PP acierta al incluir este asunto en la agenda y el PSOE falla, al diagnosticarlo como artificial. No, no es artificial: a la gente le preocupa, y mucho.
El segundo problema es el paro. En ambas versiones de la pregunta (cuando se pide identificar tres problemas, o cuando se pide identificar el problema más grave), la preocupación por el desempleo alcanza al 40,5% y al 16%, respectivamente.
En el ránking de preocupaciones, las relacionadas con la marcha de la economía son mayoría entre los 8 primeros puestos. Además del paro (segundo problema más preocupante, para los españoles), la gente vive preocupada por la vivienda (cuarto puesto), los “problemas económicos en general” (sexto) y la calidad del empleo (octavo).
Y cuando les preguntas por los problemas que les afectan personalmente, el protagonismo de las preocupaciones económicas se acentúa. La vivienda, el paro y los “problemas económicos en general” ocupan los tres primeros puestos, seguidos de la inmigración, la inseguridad, la calidad del empleo, el terrorismo y las pensiones.
Vemos como nuestra foto se va fijando en la cubeta de los datos, y resulta que sale una imagen coherente.
¿Qué tenemos aquí? Por un lado, una población que no lo está pasando bien para llegar a final de mes, que ha perdido el optimismo que rezumaba hace tres años, que cree que la situación va a ir a peor y a la que le preocupa el paro, la vivienda, la calidad del empleo o las pensiones. Por otro lado, un presidente del Gobierno que presume de datos macroeconómicos, que despide euforia por los cuatro costados y que está convencido de que la gente vive en la abundancia.
¿Se puede ir más deprisa hacia el despeñadero? Sí, se puede.
Observemos, ahora, lo que NO preocupa a la gente: las guerras (0,4%), la violencia contra las mujeres (3,9%) o la igualdad de los sexos (0%); justo los problemas que han integrado la agenda prioritaria del Gobierno.
No cabe duda de que la violencia doméstica es un problema acuciante para miles de mujeres. Otra cosa es que la respuesta del Gobierno, con medidas como la Ley contra la Violencia de Género (criticada por el Consejo del Poder Judicial, el Consejo de Estado y hasta por profesionales como la juez decano de Barcelona) o la Ley de la paridad forzosa en los partidos políticos y las empresas respondan con eficacia y conecten con una determinada sensibilidad social. A la vista del barómetro del CIS, hombres y mujeres opinan mayoritariamente que no es una prioridad, ni para el país, ni para su agenda personal cotidiana.
Veamos, por último, la valoración del Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero.
En abril de 2004, cuando tomó posesión y adoptó las primeras medidas de su Gobierno (retirar las tropas de Irak, derogar el Plan Hidrológico Nacional,...) un 52,5% tenía un concepto bueno o muy bueno de su Gobierno. Hoy, esa valoración se ha desplomado al 25,4%. Por el contrario, los que valoran negativa o muy negativamente la gestión del Gobierno Zapatero han pasado del 5,7%, en abril de 2004, al 25,5%.
Repárese en que, a día de hoy, los que tienen un concepto pésimo del Gobierno igualan e incluso superan ligeramente a los que tienen una valoración óptima. Se trata de una situación bastante desfavorable para las expectativas electorales del Gobierno, habida cuenta de que en este caso representa un cruce en dos tendencias opuestas: la de los que están contentos con el Gobierno, que disminuyen irremisiblemente, y la de los que no lo tragan, que aumentan marcada y sostenidamente desde que Zapatero tomó posesión.
De nuevo, conviene fijarse en el segmento de los que “No Saben”. En abril de 2004, eran un 20,5%. Es lógico, Zapatero acababa de llegar a La Moncloa. Los había que le daban un voto de confianza; otros, que estaban aún conmocionados por las circunstancias en las que ganó el PSOE, y otros, sencillamente, querrían esperar.
Hoy, los que “No Saben” representan sólo un 4,3%. Conclusión: la gente lo tiene claro, Zapatero no dispone de más crédito ni genera más expectativas. El carisma de su Gobierno está amortizado.
Un análisis parecido a este deben estar realizando a estas horas los gabinetes políticos de los dos partidos. Si son honestos, uno, el PSOE, los recibirá con preocupación y el otro, el PP, con un prudente optimismo.
Lo que veremos mañana resumido en los diarios no tendrá mucho que ver, lo aviso. Salvo honrosas excepciones, se fijarán, me temo, en lo de siempre: la intención y la estimación de voto, que siguen siendo favorables al PSOE. Y a esa lectura se aferrará José Blanco para pregonar su propaganda mentirosilla y fanfarrona. No se lo tomen muy en serio. Ahora mismo, en el PP deben estar saltando de alegría. Su agenda, su estrategia y su constancia empiezan, al fin, a dar frutos.
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