El Diario de Troche y Moche de Sánchez-Dragó
Lo de Sánchez-Dragó en el Diario de Troche y Moche de Telemadrid promete emociones fuertes y cotas de hilaridad inimaginables hasta ahora frente al televisor.
¿Soy el único que ha sentido vergüenza ajena durante la entrevista con Ortega Lara? Lo de levantarse para acompañarlo a la puerta del plató y pedirle un abrazo antes de despedirlo es lo más heavy que he visto en un telediario desde que Carrascal leía la portada del Frankfurter Allgemeine Zeitung . Como Carrascal, puede que Sánchez-Dragó triunfe en los índices de Sofres con su formato de noticiario egotista (la audiencia es así de cachonda), pero no pondrá una sola pica en la batalla contra el imperio de la mentira en el mercado de la información y la opinión. Sus legiones pueden seguir durmiendo tranquilas.
Si la conversación se sostuvo en pie y no se precipitó por el sumidero de una curiosidad vulgar y morbosa (le preguntó hasta por el orinal que usaba en el zulo), fue por la sobriedad con la que Ortega Lara evocó las vivencias cotidianas y los momentos críticos de su secuestro. Cualquier cosa que diga alguien que demuestra tanta claridad moral es un acto de comunicación lleno de Verdad y Emoción, que redime por sí mismo del despilfarro de un canal público. Su testimonio fue sobrecogedor y, al menos a mí, me ha dejado una profunda enseñanza de cómo merecer la libertad. No es nuestro derecho, sino su sufrimiento lo que nos hace libres. Pensé en lo que el capitán moribundo le dice al Soldado Ryan en esa inolvidable escena final de la película: “Merézcalo”. El mensaje de Ortega Lara, aunque no haya dicho nada durante años, o aunque lo diga esta noche con una contención elegante y sabia, es el mismo: merecedlo. Mereced la libertad. Háganse dignos de mi sufrimiento. ¿Merece la libertad un país que votó el 14 de marzo de 2004 lo que los terroristas le ordenaron? ¿Está a la altura de las víctimas una sociedad que tolera, incluso puede que premie en las próximas elecciones, un Gobierno en tratos con el Mal absoluto? Por eso, fue frustrante que Sánchez-Dragó declarase en el pórtico de la entrevista que no hablaría de política, sino de la “dimensión humana” de Ortega Lara. Como si la digna supervivencia del funcionario de prisiones secuestrado por ETA en 1996, su triunfo sobre la servidumbre, su serena convicción de que no hay que ceder ante el terror, no fueran, en sí mismos, un manifiesto político de una honestidad brutal. La presencia de Ortega Lara en un plató de televisión, símbolo de la resistencia a ETA, ya es política, y de la buena. No hacen falta coartadas, ni apostillas histriónicas, ni ególatras declaraciones de independencia. ¿Le dará también un abrazo a Otegi, a quien ha prometido entrevistar, al salir del plató? Qué manía con recurrir a canallas para no parecer de derechas.
No es esto lo que uno esperaba como alternativa al monopolio progre de la información en la tele. Opiniones exhibicionistas y egocéntricas. Liberalidad esnobista y temeraria. Una pieza de más de un minuto dedicada a una feria sobre la marihuana en Madrid, con primeros planos de porros y pastillas de cannabis, e información sobre establecimientos donde colocarse en la capital. ¿Qué pensará el consejero Lamela de esta completa guía del consumidor en el canal televisivo de la Comunidad?. Ignorancia atrevida y arbitraria. Esta noticia es “irrelevante”; ésta otra es “estúpida”; de Economía, que hable Ana Samboal, (su partenaire durante el telediario), porque “mi mundo no es de este Reino” (sic) ...
¿Había que inventar, despeñarse por este desfiladero, para dar con un noticiario distinguible de la apisonadora izquierdista? ¿Tan difícil es ser humildes y limitarse a emular un modelo de contrastado éxito en la difusión de información directa, ágil, amena, verdadera, moralmente clara y sin complejos, como el de Fox News?
¿Por qué la derecha española, cuando se pone a buscar artistas y líderes de opinión, siempre acaba encomendándose a Norma Duval, Sánchez-Dragó, Curri Valenzuela y Pedro J. Ramírez?