AL CABALLERO TRISTAM SHANDY (3) / Libertymad contra los liberales puros
Libertymad, ¿qué fue de tu agria polémica con un tal Enrique de Diego II Paleólogo? Llegué tarde a la ópera y tu cabeza ya estaba en el saco de los dioses conspiranoicos, como en la versión de Idomeneo que Hans Neuenfels quería montar en la Ópera de Berlín y han retirado, no vayan a ofenderse nuestros hermanos mahometanos por meter la cabeza del Profeta en el mismo serrín que la de Jesús, Buda y Poseidón (y este pobre, ¿qué hizo para acabar así?).
A ver si me aclaro. En el capítulo anterior, te retan a acudir a una encerrona de radio bajo el noble pretexto de que expreses libremente tus dudas sobre la calidad de los Potitos Rubalcaba, esa marca blanca de la verdad en compotas (tonalidad blanco típex) que tan sanotes, mofletudos y sonrosados tiene a la fiscal Sánchez y al juez Del Olmo, por no mencionar sus propiedades como sustituto del siempre amargo bromuro en el café de Zarzalejos o de la miel en las tortitas de Ekaizer.
Así que te invitan a una especie de careo con una hidra rugiente que te sojuzga por tus insidias sobre la alimentación sana de toda una generación. Tú vas a la hora indicada, te pasan a la sala de despiece y una vez allí, un tribunal de fariseos y parásitos del talento periodístico ajeno, presidido por un magistrado de la tiña profesional, te condena con su propia ley ante los oídos de las tres o dos personas que están escuchando el programa. ¡Porque ésa es otra! No conozco a nadie que decida algo mínimamente serio en el Gobierno, en su empresa, comunidad de vecinos o en su casa y que escuche el programa que citabas para ilustrarse. Si al menos te hubieran invitado a Dolce Vita, a sufrir un linchamiento como Dios manda, con glamour, máxima audiencia y un teléfono de aludidos para llamar en antena y ponerte de vuelta y media....
"Atención, tenemos al señor Pérez Rubalcaba al otro lado de la línea, que pide intervenir por alusiones. ¿Nos escucha, señor ministro?"; "Sí, esto..., Liberty, eres un cerdo hijo de piiiiii....., ¿cómo te atreves a cuestionar que mis papillas tienen sólo ingredientes naturales? Te voy a poner una querella que te vas a enterar, cabronazo (piiiiii.... a destiempo, cosas del directo), como sigas largando voy para allá y te lavo la lengua con tipex..."
Quiero pensar que no te prestaste a la emboscada de Radio Macuto por dignidad artística. Seguro que llegas a ir y te hacen beber un café de máquina en un vaso con publicidad de Radio Taxi, entre sobres de azucar con sentencias de Paulo Coelho como: "Cuando crezcas, descubrirás que ya defendiste mentiras, te engañaste a ti mismo o sufriste por tonterías. Si eres un buen guerrero, no te culparás por ello, pero tampoco dejarás que tus errores se repitan".
Con tanta cutredad (periodística y moral), comprendo que prefirieras quedarte viendo el partido del Madrid, disfrutando de una tapa de berberechos, una Mahou cinco estrellas, la voz de Pepe Domingo Castaño gritando como un energúmeno y los amigotes a tu lado, que siempre están cuando los necesitas. Cualquier cosa que hicieses habría tenido más clase, la verdad, que ir a esa tertulia de tristes a que te zurraran. Masoquismo, el justo y necesario. ¿Por qué no invitaron a uno de los especialistas en el sumario del 11-M, como Luis del Pino, Casimiro García-Abadillo o Fernando Múgica?
La realización del programa liberal puede esperar otros dos millones de años, si quienes supuestamente lo propagan son los que hoy se hacen notar en España con la etiqueta de liberales.
De un lado, una generación de vejestorios que no se jubila ni a palos, aunque sus neuronas estén ya hace siglos de crucero del Imserso por el Báltico: clericales, paniaguados y trincones, todo un muestrario de veteranía en el fracaso, como lo demuestra el hecho de que hoy, en no pocos sectores de opinión e influencia de la sociedad, pasen por liberales gente como Rajoy, Ana Pastor, Gallardón y los jóvenes repollos de NN GG y su rayo láser para la foto-depilación ideológica.
Por otro lado, una generación de jóvenes austriacos que piensan y escriben como si tuvieran la edad de L.V. Mises. Creen resolver problemas de hoy con modelos de hace un siglo, lo cual me lleva a preguntarme para qué necesito leer lo que piensa J.R. Rallo sobre la moda o la inmigración, por ejemplo, si con leer La acción humana ya sé cómo funcionará el capitalismo por los siglos de los siglos amén.
Ya he criticado el orden de la industria de la moda formulado por esta corriente, porque está inspirado por la muy liberticida idea de suprimir la diferencia individual, pero es que su reciente análisis del fenómeno de la inmigración me ha dejado una impresión de estafa intelectual aún más acusada, y no puedo evitar denunciar su impostura.
Aristóteles creía que la esencia del arte de la retórica consiste en que tú me convenzas de algo que no sé sin prejuzgar lo que ya sé ni dar por sobreentendido lo que ignoro. Difícil encargo. Por eso cada día llevo peor lo de leer análisis que me informan de lo que ya sé, prejuzgan lo que conozco y me dejan en ascuas en aquello que ignoro.
Un buen ejemplo es este resumen escolar de las causas, consecuencias y soluciones de la inmigración publicado en el suplemento Ideas, de Libertad Digital.
Su diagnóstico es que la inmigración incontrolada obedece a una conspiración de los políticos para acumular más poder y recaudar más impuestos. Y su receta es que, simplemente con derribar aranceles, suprimir la ayuda al tercer mundo y desmantelar el Estado del Bienestar, los negritos dejarán de armar pateras y se dedicarán a coser balones Nike, recolectar plátanos para Chiquita o Dole, regresando cada noche a casa para cenar y ver la CNN junto a su prole. Es lo que tiene la "función empresarial" que tanto mola a los austriacos: que lo mismo te explica el sistema de la moda que te arregla el problema de la inmigración.
El esquema siempre es el mismo: una élite economicista que sustituye a la élite política (nada se nos dice nunca acerca del pequeño detalle de cómo se hará el relevo, si mediante una asonada, una guerra civil, un referéndum, o simplemente porque la casta política se reunirá en un rancho y se inmolará como en Wako; explicar esa clase de contingencias es un esfuerzo demasiado vulgar para los austriacos) y propaga el balsámico mercado a lo largo y ancho de sociedades que lo reciben alborozadas y abren las avenidas para que desfilen triunfales las multinacionales bajo una lluvia de confetis y música de majorettes. ¿Y qué pasa con la democracia, mis jóvenes ancianitos austriacos? ¿Podemos exportar el mercado sin exportar también la libertad política, la libertad religiosa, la libertad de Prensa, la libertad de educación...? ¿Podemos derribar aranceles sin derribar tiranos? ¿Podemos invertir en latifundios agrícolas o en plantas textiles de ropa deportiva sin invertir en escuelas y universidades privadas donde la gente, además de a coser balones, aprenda a decidir por sí misma y a expresarse libremente?
Sí, claro que se puede. De hecho, los liberales puros y no mancillados por la odiosa política de la libertad no defienden otra cosa cuando hablan de promover la libertad comercial con China sin hablar de libertad política con su régimen despótico. Son los mismos liberales de los grandes salones académicos, que odian pringarse las manos por la democracia en Irak o en Afganistán. Rodrigo Rato, Luis de Guindos, José María Lasalle, la gente del Cato y no pocos austriacos del Instituto Juan de Mariana. Su repugnante coartada moral es: ¿por qué gastar recursos y vidas de nuestros soldados en que iraquíes, cubanos o chinos vivan libremente, si podemos conseguir que comercien libremente con nosotros? Refutar la doctrina de la ayuda gubernamental a África y proponer como alternativa la apertura de sus mercados es básico, no hace falta leer a M.F. Rothbard para entenderlo, pero la cobardía moral de esta escuela consiste en que no dejan de hablar de los políticos pero jamás se rebajan a hablar de política, como si el mercado fuera a instalarse por ciencia infusa en las sociedades, sin la mediación de una generación de políticos que tenga el valor y la lucidez de practicar las reformas necesarias.
Siempre hablan de emancipar a los consumidores, las empresas y los empleados subyugados por el estatismo, pero nunca de liberar a los ciudadanos. Por ejemplo, ¿aceptarían que la inversión privada necesaria en África se canalizara también por instituciones educativas (católicas, por ejemplo) para construir escuelas, institutos de formación profesional y universidades, y que esas inversiones se rentabilizaran mediante conciertos educativos con el Estado que cubrieran el previsible déficit de tales actividades empresariales en el corto y medio plazo? Sería interesante conocer la respuesta, para saber de qué nos hablan cuando hablan de liberdad: si la de una élite económica que simplemente reemplazaría a la casta política existente, o de la libertad integral del individuo basada en la ilustración, la diferencia y la decisión; al fin y al cabo, una libertad basada en la Ética.