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Agosto 24, 2006

Irene y el obispo de Londres

La autora de esta Tercera de ABC pide a los Gobiernos europeos más prohibiciones y menos campañas se sensibilización para cumplir con el protocolo de Kyoto. Cita, entre otras fuentes autorizadas, al ¡obispo de Londres!, que "contaba hace unos días en The Guardian que los aviones y la actividad aérea británica en conjunto contribuyen en un 12 por ciento al total de las emisiones de efecto invernadero del Reino Unido". El obispo de Londres. ¡Tócate las narices!

La autora echa en falta gobiernos que legislen, porque hay cosas, como la salvación del mundo de las garras del capitalismo depredador, demasiado importantes para dejarlas en manos de los individuos.

Y da alguna que otra idea: "¿No parecería más sensato, por ejemplo, prohibir la circulación de ciertos coches algunos días o limitar la compra de vehículos a uno por familia?". Y uno se pregunta: ¿Por qué tantos, en vez de uno por cada comunidad de vecinos o uno por cada manzana de la ciudad, usados por rigurosos turnos cuya aplicación sería supervisada, por supuesto, por los políticos?

La autora, Irene Lozano, se presenta como "linguista, periodista y premio Espasa de Ensayo". Buscas algo sobre la señora y te encuentras con que también es autora de Lenguas en Guerra, un libro sobre el intervencionismo de los Gobiernos nacionalistas en la política lingüistica. Por este libro, obtuvo el premio Espasa de 2005, concedido por un jurado del que formaron parte, entre otros, Vicente Verdú, Jon Juaristi y Fernando Savater. Destacaron, en su día, la "enorme actualidad" de un ensayo, al parecer, crítico con las políticas de pureza lingüistica aplicadas por los Gobiernos nacionalistas de País Vasco y Cataluña.

¿Lo que es intervencionismo en la política lingüistica no lo es en la política energética que esta señora demanda de los Gobiernos? ¿Ha tenido el mismo rigor para demostrar la arbitrariedad nacionalista en materia de regulación del idioma que para defender su tesis prohibicionista contra el llamado "cambio climático"?

La Tercera de ABC ya no es lo que era, y este periódico tampoco.

Agosto 21, 2006

Alegato por la prensa sensacionalista

Este artículo sobre el "debido respeto" a la vida privada de un político me anima exponer por qué creo que la prensa sensacionalista conviene a una sociedad liberal. Soy un fan de la prensa amarilla, lo confieso. De la buena prensa sensacionalista, claro. Porque, como en todo, hay buena y mala prensa sensacionalista. La que defiendo ni siquiera sé si existe, porque se me impregnó viendo películas americanas sobre el gremio. Pelis como Primera plana (Jack Lemmon y Walther Mathau), Detrás de la noticia (Michael Keaton y Glenn Close) o Héroe por accidente (Dustin Hoffman y Geena Davis).

¿Existen periodistas así? Vertiginosos, chispeantes, lúcidos, bohemios y caóticos. Adictos a contar historias. Con un olfato asesino para detectar sólo las que conectan con lo más profundo de nuestro carácter a través de lo más superficial de nuestras aburridas vidas. Que adoran al público, en vez de mirarle por encima del hombro. Que lo buscan, en vez de esperar a ser buscados por él. Que le hablan de tú a tú, en vez de intentar adoctrinarlo. Que convierten a personajes anónimos en héroes y a poderosos en hienas. Que no respetan el poder ni desprecian lo anecdótico de las vidas anónimas, porque saben que en cada vida hay una historia que contar. Que inventan allí donde la realidad no llega, dignificándola con metáforas sencillas y directas sobre el bien, el mal, el valor, la mezquindad, la hipocresía. Inventar no es mentir. Inventar es partir de un modelo, una conducta, una vida, un personaje, analizarlo a fondo, estudiarlo, conocerlo, quererlo, en definitiva, para desarrollar toda su potencialidad de grandeza o de miseria. Estoy pensando, por ejemplo, en lo que hace la reportera que interpreta Geena Davis en Héroe por accidente, con el vagabundo que interpreta Andy García. Dignificarlo, porque, como dice ese mismo personaje "todos somos héroes, sólo es cuestión de que alguien sepa verlo".

Espero que se entienda que no estoy hablando de Aquí hay tomate, sino de otra cosa, que, insisto, ni siquiera sé si existe en la vida real o es el resultado de que veo demasiadas películas.

La televisión basura española es eso, basura. ¡Qué valientes, destripando a famosos de medio pelo, folclóricas, actrices y frikis varios!. ¿Por qué no se atreven con la familia real o con la casta política, por ejemplo? ¡Cuántas historias aleecionadoras no encontraríamos si observáramos la vida de políticos y famosos llamados progresistas, con su doble moral, sus mansiones, sus vicios, sus amantes, su coches de lujo! ¿Por qué no cuentan historias así en Caiga quien caiga, en vez de hacer el payaso con lo más fácil, marquesas y políticos del PP? Y cuánto heroísmo, patetismo, esperpento y absurdo no habrá en la vida coditiana de toda esa gente que se busca la vida como puede, que asciende a los cielos y cae a los infiernos varias veces en un mismo día, que peca y se redime, que es capaz de lo mejor y de lo peor, personajes anónimos y dignos sólo por ir tirando en el caos que es la vida, esa clase de historias que hacen llorar y reir a la gente, como la célebre de un poli que rescata de las ramas de un árbol el gatito de una anciana

Historias de héroes y villanos, ricos y pobres, poderosos y humildes. No se me ocurre ninguna metáfora mejor de una sociedad auténticamente liberal, en la que los relatos conviven unos a lado del otro, en un mosaico abigarrado de testimonios, fotos, titulares,...un relato coral y sin moraleja, porque la vida en libertad carece de ella, simplemente acepta que el bien coexista con el mal y las grandes personas le den la hora a los los canallas todos los días. Son las personas las que eligen a qué carta quedarse.

Lo más parecido a este ideal de prensa sensacionalista sería la prensa anglosajona del género, me parece, porque sólo la conozco superficialmente. Estando en Nueva York, siete días después del 11-S, me sorprendió que el New York Post publicara una portada enorme con un cartel que emulaba los anuncios de recompensas del salvaje oeste, con una foto de Ben Laden, y una cifra astronómica de dólares debajo. ¡Siete días después! ¡En pleno estado de conmoción del país! No me digan que no es una expresión de dignidad y coraje de una sociedad auténticamente abierta.

También estoy pensando en esas portadas del Sun con el hijo del príncipe Carlos haciendo el chorra vestido de Nazi o con una camiseta del Che. Estoy pensando en el periódico de Metrópolis en el que trabaja Klark Kent como fotógrafo, donde el director daría cualquier cosa por una foto de Superman. Ben Bradley tenía este lema cuando dirigía el muy "serio" y sesudo The Washington Post: "Borracho en casa, asunto suyo; borracho en los pasillos del Senado, asunto público". No estoy de acuerdo. Si un político pega a su esposa en su casa o a una vicepresidenta le va la marcha en su tiempo libre, yo quiero saberlo. En una sociedad liberal no hay tabúes. Y la izquierda tiene menos derecho que nadie a vivir blindada. Quiero saber si viven como dicen que piensan. Quiero saber si Sonsoles bucéa escoltada por la única patrullera de salvamento de inmigrantes que hay en Lanzarote. Quiero saber dónde se compra la ropa María Teresa Fernández de La Vega. Creo que si en España hubiera una derecha liberal que piensa, y no me refiero sólo a una derecha política, sino a una derecha económica e intelectual, ya estarían haciendo números a ver si es viable una prensa sensacionalista seria (valga la redundancia) en España. Ahora que Aznar está en el consejo de administración de Murdoch, no estaría de más que le convenciera para estudiar la cosa.

Agosto 10, 2006

El catolicismo "avanzado" de Ruiz-Gallardón

Alberto Ruiz-Gallardón se identifica con el catolicismo "avanzado" de la Compañía de Jesús. De su diálogo con el director teatral Calixto Bieito publicado este lunes en El País, se deduce la gratitud del alcalde de Madrid hacia los jesuitas, en cuyos centros educativos aprendió a superar el "sentimiento de culpa" por el éxito personal, una "concepción primitiva y atávica del catolicismo" en la que Gallardón sospecha que se encuentra "el origen de la envidia" española.

El político celebra "la mentalidad mucho más avanzada" de la Compañía de Jesús, y al hacerlo, se diría que encuentra un fundamento de autoridad con el que justificar su propia heterodoxia en el Partido Popular. Claro que, para poder justificarla, primero tendríamos que considerar a Alberto Ruiz-Gallardón, hijo de la derecha rancia, dinástica y conservadora, como un auténtico heterodoxo, un adelantado, esa "mentalidad mucho más avanzada" con la que retóricamente se identifica. ¿Lo es? En el citado diálogo, el propio alcalde nos lleva a sospechar razonablemente que sólo es un oportunista disfrazado de heterodoxo.

Que Gallardón no es un "avanzado", ni siquiera un pensador original de la derecha, sino un hábil político conservador al uso lo demuestra esta idea con la que arranca su diálogo con Bieito: "Acepto que tenemos que interpretar, es indudable, pero el guión lo escribimos nosotros y, además, tenemos que improvisar". Un poco más adelante, se le escapará esta confesión sobre el arte de la seducción, un arte "que tiene que cultivar un político".

Actuar, improvisar, seducir,... Gallardón confunde la política con un teatro, típico de un populista, pero eso no tiene nada que ver con la heterodoxia ni con la "mentalidad mucho más avanzada" que parece que reclama el alcalde de Madrid. En el fondo y en la superficie, Gallardón es un representante de la derecha de toda la vida, que no sabe cómo alcanzar el poder con las ideas que ha heredado y las disimula con un barniz progresista porque cree que es lo que la gente, a la que desprecia como conservador que es, quiere ver.

Esta concesión al oportunismo le provoca un examen de conciencia típicamente ignaciano: "No sé si sería capaz de confirmar que todo lo que he querido decir lo he dicho. Probablemente ha sido así, pero también me he dejado mucho en el tintero. Tampoco podemos construir un producto sobre lo que le gusta a la gente porque eso sería prostituirte intelectualmente. ¿A tí todo lo que te ha venido a la cabeza lo has puesto en práctica?", le pregunta el político al dramaturgo. "Sí", responde este. Y Gallardón: "¿Pues sabes lo que es eso? Eso es ser libre".

Veamos. ¿Qué tenemos aquí? 1) Un político que no dice lo que piensa, un político insincero 2) Un político que no quiere "prostituirse intelectualmente" pero que no hace otra cosa que "actuar, improvisar y seducir" para ser elegido. 3) Un político que no se siente libre porque no puede realizar "todo lo que se le viene a la cabeza", un político cautivo, ¿de quién? La pregunta no es "quién", sino "qué": el poder. Gallardón quiere ser libre en el PP para "actuar, improvisar y seducir" como un político del PSOE. Nada que ver con una "mentalidad mucho más avanzada" sino con algo un poco más prosaico, puro instinto de conservación.

A continuación, salta el tema de la "envidia española", indispensable cuando dos triunfadores se ponen a filosofar en el olimpo de El País, el gran escaparate nacional de la vanidad. "A veces los tópicos son ciertos, y tú sabes a qué me refiero", le incita Calixto a Alberto.

"Creo que es un problema de educación", le responde el alcalde. "Hay un concepto que los luteranos y protestantes plantearon de una forma distinta, si es lícito o no el triunfo en este mundo". Pero, ¿de qué demonios está hablando el alcalde-teólogo? Se ve que no fue a clase el día en que los jesuitas dieron la doctrina social de la Iglesia. Porque no encontrará una sola línea en la que se subestime el esfuerzo, el talento y la superación personal. Son cualidades inseparables del mandato de santidad al que llama ese catolicismo "atávico y primitivo" que el alcalde de Madrid desprecia y desconoce. Juan Pablo II consagró la creatividad y la prosperidad individual en dos encíclicas, Laborem Exercens [Sobre el trabajo humano] y Centesimus Annus [sobre la libertad económica y la propiedad privada como derechos naturales]. El alcalde debería consultarlas cada vez que no sepa dónde está la verdad y tenga la tentación de aferrarse al primer guión teatral que le sale al encuentro.

Y luego está esa defensa que Ruiz-Gallardón hace de la Compañía de Jesús como un modelo de catolicismo avanzado, contrapuesto al modelo "atávico y primitivo" que "pasaba por decir que esto es un valle de lágrimas".
El alcalde se siente orgulloso del elitismo ignaciano. "Nos decían: usted tiene que buscar la excelencia y no conformarse con la mediocridad. Eso sí, la excelencia, una vez que la alcanzas, la tienes que compartir". Una fórmula de redistribución genuinamente socialista [de derechas y de izquierdas], en la que una élite alcanza la verdad y el bien y luego los comparten.

Calificar a los jesuitas como una "mentalidad mucho más avanzada" es, como mínimo, controvertido, a la luz del coqueteo de la Compañía de Jesús con el marxismo, desde los años 70. Pablo VI y Juan Pablo II se mostraron preocupados por la deriva política y doctrinal de los jesuitas en el seno de la Iglesia. El Papa Wojtyla intentó, sin éxito, que en el estilo de vida de los jesuitas volvieran a reconocerse las ideas católicas. En La India, donde reside la mayor comunidad de jesuitas del mundo, sus miembros se cuestionan incluso el lugar único de Jesús como Salvador. En el Boston College, un jesuita experto en teología moral, John Paris S.J., defendió que se le retirase la comida y el agua a Terri Schiavo, lo que, de hecho, habría supuesto infligirle la eutanasia. George Weigel señala, en La elección de Dios (Criteria, 2006), que la insostenible situación de la Compañía de Jesús en la Iglesia Católica es uno de los desafíos que tendrá que afrontar Benedicto XVI durante su pontificado.

Curioso paralelismo, la situación de los jesuitas en la Iglesia y la de Gallardón en el PP. En ambos caso, presumen de su lealtad a la institución de la que emanan sus ideas. Los jesuitas se definen como "soldados del Papa" y, por otra parte, es conocido que Gallardón se proclama como el leal escudero de Rajoy en las próximas elecciones generales. Pero, al mismo tiempo, no pueden evitar llevar en la sangre la semilla de la traición por el poder.

El misterio de la carta bicéfala

El País y el extraño caso de la carta con dos remitentes. Der Spiegel y El Mundo atribuyen a Neelie Kroes, comisaria de Competencia, las quejas de Bruselas por las arbitrarias condiciones impuestas por la CNE a E.On para hacerse con Endesa. Pero El País, que hasta el martes dudaba de la existencia de la carta, la atribuye este jueves a Markos Kyprianou, comisario de Consumo. ¿Quién miente? ¿Y por qué?

Vale la pena atender a la información que El País ­[y, subsidiariamente, todos los medios del mismo grupo empresarial] viene publicando sobre el caso Endesa desde que Gas Natural anunció su oferta sobre la eléctrica, el 5 de septiembre de 2005, con plena cobertura del Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero, que satisfacía, así, la exigencia tasada por sus socios del Tripartito [PSC, ERC e IU] en el artículo 8 del Pacto del Tinell:

1) "Actuar desde la Generalidad, en concertación con el sector privado para impulsar la creación o consolidación, en su caso, de empresas y operadores catalanes, públicos o mixtos, en sectores estratégicos (energía, telecomunicaciones e infraestructuras) siempre respetando las condiciones de mercado".

2) "Fomentar la aparición de nuevos operadores privados".

3) "Potenciar la existencia de centros de decisión empresarial en Cataluña de primer nivel en los mencionados sectores estratégicos".


En su edición del pasado lunes 7 de agosto, Der Spiegel informó de una carta de la comisaria europea de Competencia, la holandesa Neelie Kroes, al Gobierno del Reino de España, sobre las 19 condiciones impuestas por la CNE [Comisión Nacional de la Energía] a E.On para autorizar su OPA sobre Endesa.

El martes 8 de agosto, El Mundo aseguró haber visto esa carta, fechada el 3 de agosto y franqueada previa consulta con el presidente de la Comisión, José Manuel Durao Barroso.

Según el mismo diario, consta de 63 apartados y su conclusión es que las condiciones arbitradas por la CNE "son incompatibles con la legislación comunitaria", en concreto, contra el artículo 21 del Reglamento europeo de fusiones, "que impide a los Estados miembros tomar unilateralmente medidas contra operaciones aprobadas por la Comisión". Hay que recordar que Bruselas autorizó el 26 de abri la compra de Endesa por E.On "sin condiciones", subrayó El Mundo.

La comisaria expone su desacuerdo con las tres condiciones más relevantes impuestas a E.On: 1) Desprenderse del 32% de los activos de Endesa en España; 1) Vender o ceder la participación de Endesa en centrales nucleares, y 3) Deshacerse de su negocio en los sistemas extrapeninsulares [Canarias, Baleares, Ceuta y Melilla], y pide al Gobierno español una justificación más convincente de la que dio la presidenta de la CNE, Maite Costa, al presentar al público el acuerdo adoptado por el organismo regulador en su reunión del pasado 27 de julio.

Según El Mundo, la respuesta debería producirse antes del viernes 11 de agosto, y a la luz de ésta, la Comisión decidirá si abre expediente a España por posible vulneración del Reglamento comunitario de fusiones.

Pues bien: el mismo martes 8 de agosto, fecha en la que El Mundo aseguraba haber tenido acceso a la carta, El País aún dudaba de su existencia, aferrándose a las fuentes oficiales. "Ayer [por el lunes, 7 de agosto], el portavoz de la Comisión Europea, Michael Mann, rechazó confirmar la información publicada días atrás por el semanario alemán Der Spiegel según la cual la Comisaría de Competencia, que encabeza Neelie Kroes, habría mandado una carta a las autoridades españoles en las que tilda las condiciones de la Comisión de la Energía a E.On de discriminaciones arbitrarias".

Sin salirse del carril oficialista, El País reforzaba su escepticismo con el que le transmitieron "fuentes cercanas al Gobierno" español, que mostraron, según El País, "su extrañeza por el tono que se atribuye a la carta de Kroes y por el supuesto establecimiento de plazos para contestar". En todo caso, el Gobierno parecía ponerse la tirita antes de acusar la herida: que Bruselas pueda abrir un expediente a España no es ninguna novedad relevante. Hay "casi un centenar" abiertos por la Comisión. "Uno de ellos, el que afectó al Plan del Carbón, tardón casi cinco años en encontrar una vía para acabar con el enfrentamiento entre la Administración comunitaria y la española".

[Breve digresión sobre esta curiosa doctrina del Gobierno español. Como hay cien expedientes más, y las cosas de palacio van despacio, no nos preocupemos de cumplir la Ley. Para cuando el Tribunal europeo haya resuelto, el daño a Endesa será irreparable. ¡Que se pudran accionistas, consumidores y empleados! ¡Si no es del nacionalismo catalán, Endesa no será de nadie!]

A esas alturas, martes 8 de agosto, el Gobierno ya tenía la carta en sus manos, y El Mundo ya la había visto, pero El País seguía cuestionándolo y sus "fuentes cercanas al Gobierno" seguían jugando al despiste con el fiel diario.

Este jueves 10 de agosto, El País y El Mundo vuelven a ofrecer versiones radicalmente distintas de la célebre carta.

[Una carta, por cierto, que no ha sido hecha pública en la web del departamento de Competencia de la Comisión Europea. Algo lógico, por otra parte, si se tiene en cuenta que se trata de un paso previo, sin un claro perfil jurídico, a la decisión sobre la apertura de un expediente formal a España].

El País al fin reconoce que existe la carta... ¡del comisario de Consumo, el griego Markos Kyprianou! ¿Erró Der Spiegel al atribuirla a Neelie Kroes? ¿Se equivocó El Mundo al leer la firma, y donde creyó ver "Neelie Kroes, comisaria de Competencia", ponía en realidad "Markos Kyprianou, comisario de Consumo"? ¿Se trata, por ventura, de un extraño caso de plagio epistolar entre comisarios de Bruselas, en el que unos a otros se pisan y copian su correspondencia?

En principio, me parece que la diferencia entre uno y otro corresponsal podría ser relevante. No es lo mismo que la impugnación de Bruselas llegue desde el punto de vista de las competencias sobre los derechos de los consumidores, que lo haga desde el punto de vista de una posible vulneración de la normativa sobre fusiones y libre circulación de capitales en el mercado único europeo. Quizá al Gobierno le interese más el primer enfoque que el segundo, de ahí el extraño juego de su diario oficioso, de atribuir la carta al comisario de Consumo, cuando otros medios han afirmado que pertenece a la de Competencia, incluso sosteniendo que han tenido acceso a una copia de la carta.

Pero, más allá de las hipótesis sobre intenciones, lo cierto es que alguien ha transmitido una información falsa, a menos que haya dos cartas exactamente iguales, firmadas por dos comisarios distintos, que salieron el mismo día de Bruselas. ¿Se equivocan El Mundo y Der Spiegel, cuando la atribuyen a la comisaria de Competencia? ¿O lo hace El País cuando se la asigna al comisario de Consumo?

Dados los antecedentes, me inclino a creer a Der Spiegel y El Mundo.

Primero, porque el martes 8 de agosto, El País aún dudaba de que existiera una queja de Bruselas a las arbitrarias condiciones de la CNE a E.On.

En segundo lugar, porque está claro que el Gobierno, que ya tenía en su poder la carta, jugó al despiste con el público y El País se prestó gustoso al juego.

En tercer lugar, porque hoy, jueves 10 de agosto, una semana después, El País reconoce al fin que existe una carta y no ha dado ninguna explicación a sus lectores sobre su retraso en informar.

Y por último, me inclino a creer en Der Spiegel y El Mundo porque desde que se presentó la OPA de Gas Natural sobre Endesa, el 5 de septiembre de 2005, El País ha tomado partido por el favoritismo del Gobierno como promotor y garante del interés del nacional-socialismo catalán en la OPA de Gas Natural. No ha sido un periódico independiente y no puede esperar que, en un caso de contradicción como éste, le creamos.