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El PP propone, al fin, que desaparezca el Impuesto de Matriculación

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Ya era hora. El PP se decide, al fin, a defender la libertad individual en las decisiones sobre cómo nos movemos. Han registrado este miércoles en el Congreso una Proposición No de Ley de reforma de la fiscalidad del automóvil, para la que el Gobierno tiene sus propios planes. Postulan los populares (¡Aleluya!) la supresión del Impuesto de Matriculación y la reorganización de los de Circulación y Carburantes, para que paguen más, no los coches más caros (como pretende el PSOE), sino los que más contaminan. Todo, en sintonía con la filosofía de Bruselas de gravar el uso contaminante, incentivar la eficiencia energética y liberar el mercado interior de las cargas a la adquisición. No siempre el PP ha sido tan liberal, pero si una pasada por la Oposición le ha hecho entrar en razón, bienvenida sea. Cuando gobernaba, pudo suprimir el Impuesto de Matriculación y no sólo se negó sino que lo transfirió a las Comunidades Autónomas. A ver quién es el guapo o la guapa que les dice ahora que lo supriman.

El PP propone una fiscalidad del automóvil en la que desaparezca el Impuesto Especial a la Matriculación, se modifique el de Circulación para vincularlo a la emisión de CO2 de cada vehículo y “se aumente la carga fiscal sobre los hidrocarburos”, según resumen las referencias de prensa a esta iniciativa.

A falta de una aclaración de los promotores sobre eso de “aumentar la carga fiscal sobre los hidrocarburos” (17.191 millones de euros recaudados por el Estado en 2006, por IVA e impuestos especiales a los combustibles de automoción, un 2,3% más, según datos de ANFAC, la patronal de fabricantes), la PNL del PP tiene buena pinta y parece bastante sensata.

De entrada, tiene la ventaja de que se adelanta a la propuesta del Gobierno, de la que sólo se escuchan rumores, y nada halagüeños para el consumidor y contribuyente.

Si atendemos a los globos sonda que el PSOE ha ido lanzando en las sucesivas versiones de su programa marco para las próximas Elecciones locales y autonómicas, lo que traman es penalizar a los vehículos más caros, que suelen ser, precisamente, los más eficientes y limpios.

Llegaron incluso a chequear la reacción del público a la idea de cobrar una tasa por la circulación en vehículos privados por el centro de las ciudades, pero la protesta fue tan atronadora, que lo desecharon de inmediato e incluso negaron que se les hubiese pasado por la cabeza. Típico de la irresponsabilidad socialista, negar la evidencia y no reconocer jamás un error.

Lo que no es un rumor, ni un globo sonda, es la mentalidad policiaca del Gobierno con la libertad individual. Si han aprobado nuevas prohibiciones contra fumadores, si han acosado a Burguer King por anunciar su XXL, o se disponen a adoptar medidas de racionamiento del agua, ¿qué no estarán dispuestos a hacer contra el automovilista, al que la iconografía socialista identifica como un monstruo come-ozono? Aunque, por muy cascado que esté su utilitario, no creo que caliente tanto el planeta como la casa de Al Gore y su mina de cinc en Tennessee.

Si hay un actor global que está cumpliendo con las discutibles prescripciones de Kyoto es, precisamente, la industria del automóvil. Desde 1998, las emisiones de CO2 de los nuevos modelos de automóviles fabricados en Europa se han reducido en 35 millones de toneladas, según datos de ANFAC. Para 2008, el parque automovilístico europeo emitirá un 25% menos de partículas tóxicas que en 1995. Y en 2010, los constructores europeos habrán contribuido nada menos que con un 15% al objetivo de recorte de emisiones fijado en Kyoto para la UE.

Y mientras los coches se hacen más eficientes y limpios, el Estado no ha dejado de exprimir a sus propietarios.

fiscalauto2_220307.jpgEn 2006, la recaudación de impuestos sobre la adquisición y uso del automóvil ha ascendido a 22.180 millones de euros, según una estimación de los fabricantes: un 2,2% más que el año anterior, y un 33,3% más que en 2000. En España, de cada 100 céntimos que se pagan al comprar un coche, entre 23 y 28 van a parar al Estado y las Comunidades Autónomas en concepto de IVA (IGIC, en Canarias), Impuesto de Circulación y de Matriculación, lo que encarece el vehículo entre un 5 y un 10% con respecto a los principales países fabricantes de Europa.

Sólo la recaudación del Impuesto de Matriculación fue en 2006 de 1.419 millones, un 3,2% más que el año anterior. El rendimiento de esta figura ha crecido un 40% desde 2000. Si el PP quiere suprimirla, después de habérsela entregado a las Autonomías, va a tener que compensarles con una mayor participación en otros impuestos o, como me temo, aumentando la carga fiscal sobre los combustibles. Por no mencionar la bronca política nacional que hace más difícil que nunca poner de acuerdo a las Comunidades en nada, y menos en que renuncien a pájaro en mano con la vaga promesa de ciento volando.

Pero, en fin, nunca es tarde si la libertad es más completa.

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