Algo habrán hecho
La secretaria de Estado de Inmigración ha calificado el uso de niqab y el burka como un “hecho puntual” en España. A juicio de Consuelo Rumí, conviene “no magnificarlo” porque “correríamos el riesgo de estigmatizar a un colectivo de origen musulmán que no utiliza esta prenda de origen de forma generalizada”. No sé qué es más denigrante para estas musulmanas, si el sometimiento al maromo o el desprecio del Gobierno de “ista, ista, ista, Zapatero feminista”.
El razonamiento rumiante (de Rumí) es: no nos metamos en sus costumbres, por dos o tres que vayan forradas de cárcel al Carrefour. El feminismo de las cuotas no está para ocuparse de “hechos puntuales” (suponiendo que lo sean: El Mundo asegura, en cambio, que “la estampa” de mujeres anuladas por el niqab y el burka “está dejando de ser insólita” en ciudades como Alcobendas, Ciutat Vella, Barcelona, Vic o El Vendrell). Los principios de la izquierda acaban donde empiezan la estadística y la cobardía. Hay que leer corriendo a Bruce Bawer: a más musulmanes, más siesta.
Han instalado la criminalización preventiva del hombre en la llamada Ley contra la Violencia de Género. Han enseñado a las mujeres, poco menos, que hay que ir a la boda con un spray anti-violador en el liguero, como una prenda de suerte más.
Pero, eso sí, cuando se topan con el burka aquí mismo se olvidan de la igualdad e invocan la abstracta estadística, los “hechos puntuales”, para “no estigmatizar” a todo un pueblo piadoso.
“Algo habrán hecho”, le faltó decir a la secretaria de Estado de Inmigración.