Alegato por la prensa sensacionalista
Este artículo sobre el "debido respeto" a la vida privada de un político me anima exponer por qué creo que la prensa sensacionalista conviene a una sociedad liberal. Soy un fan de la prensa amarilla, lo confieso. De la buena prensa sensacionalista, claro. Porque, como en todo, hay buena y mala prensa sensacionalista. La que defiendo ni siquiera sé si existe, porque se me impregnó viendo películas americanas sobre el gremio. Pelis como Primera plana (Jack Lemmon y Walther Mathau), Detrás de la noticia (Michael Keaton y Glenn Close) o Héroe por accidente (Dustin Hoffman y Geena Davis).
¿Existen periodistas así? Vertiginosos, chispeantes, lúcidos, bohemios y caóticos. Adictos a contar historias. Con un olfato asesino para detectar sólo las que conectan con lo más profundo de nuestro carácter a través de lo más superficial de nuestras aburridas vidas. Que adoran al público, en vez de mirarle por encima del hombro. Que lo buscan, en vez de esperar a ser buscados por él. Que le hablan de tú a tú, en vez de intentar adoctrinarlo. Que convierten a personajes anónimos en héroes y a poderosos en hienas. Que no respetan el poder ni desprecian lo anecdótico de las vidas anónimas, porque saben que en cada vida hay una historia que contar. Que inventan allí donde la realidad no llega, dignificándola con metáforas sencillas y directas sobre el bien, el mal, el valor, la mezquindad, la hipocresía. Inventar no es mentir. Inventar es partir de un modelo, una conducta, una vida, un personaje, analizarlo a fondo, estudiarlo, conocerlo, quererlo, en definitiva, para desarrollar toda su potencialidad de grandeza o de miseria. Estoy pensando, por ejemplo, en lo que hace la reportera que interpreta Geena Davis en Héroe por accidente, con el vagabundo que interpreta Andy García. Dignificarlo, porque, como dice ese mismo personaje "todos somos héroes, sólo es cuestión de que alguien sepa verlo".
Espero que se entienda que no estoy hablando de Aquí hay tomate, sino de otra cosa, que, insisto, ni siquiera sé si existe en la vida real o es el resultado de que veo demasiadas películas.
La televisión basura española es eso, basura. ¡Qué valientes, destripando a famosos de medio pelo, folclóricas, actrices y frikis varios!. ¿Por qué no se atreven con la familia real o con la casta política, por ejemplo? ¡Cuántas historias aleecionadoras no encontraríamos si observáramos la vida de políticos y famosos llamados progresistas, con su doble moral, sus mansiones, sus vicios, sus amantes, su coches de lujo! ¿Por qué no cuentan historias así en Caiga quien caiga, en vez de hacer el payaso con lo más fácil, marquesas y políticos del PP? Y cuánto heroísmo, patetismo, esperpento y absurdo no habrá en la vida coditiana de toda esa gente que se busca la vida como puede, que asciende a los cielos y cae a los infiernos varias veces en un mismo día, que peca y se redime, que es capaz de lo mejor y de lo peor, personajes anónimos y dignos sólo por ir tirando en el caos que es la vida, esa clase de historias que hacen llorar y reir a la gente, como la célebre de un poli que rescata de las ramas de un árbol el gatito de una anciana
Historias de héroes y villanos, ricos y pobres, poderosos y humildes. No se me ocurre ninguna metáfora mejor de una sociedad auténticamente liberal, en la que los relatos conviven unos a lado del otro, en un mosaico abigarrado de testimonios, fotos, titulares,...un relato coral y sin moraleja, porque la vida en libertad carece de ella, simplemente acepta que el bien coexista con el mal y las grandes personas le den la hora a los los canallas todos los días. Son las personas las que eligen a qué carta quedarse.
Lo más parecido a este ideal de prensa sensacionalista sería la prensa anglosajona del género, me parece, porque sólo la conozco superficialmente. Estando en Nueva York, siete días después del 11-S, me sorprendió que el New York Post publicara una portada enorme con un cartel que emulaba los anuncios de recompensas del salvaje oeste, con una foto de Ben Laden, y una cifra astronómica de dólares debajo. ¡Siete días después! ¡En pleno estado de conmoción del país! No me digan que no es una expresión de dignidad y coraje de una sociedad auténticamente abierta.
También estoy pensando en esas portadas del Sun con el hijo del príncipe Carlos haciendo el chorra vestido de Nazi o con una camiseta del Che. Estoy pensando en el periódico de Metrópolis en el que trabaja Klark Kent como fotógrafo, donde el director daría cualquier cosa por una foto de Superman. Ben Bradley tenía este lema cuando dirigía el muy "serio" y sesudo The Washington Post: "Borracho en casa, asunto suyo; borracho en los pasillos del Senado, asunto público". No estoy de acuerdo. Si un político pega a su esposa en su casa o a una vicepresidenta le va la marcha en su tiempo libre, yo quiero saberlo. En una sociedad liberal no hay tabúes. Y la izquierda tiene menos derecho que nadie a vivir blindada. Quiero saber si viven como dicen que piensan. Quiero saber si Sonsoles bucéa escoltada por la única patrullera de salvamento de inmigrantes que hay en Lanzarote. Quiero saber dónde se compra la ropa María Teresa Fernández de La Vega. Creo que si en España hubiera una derecha liberal que piensa, y no me refiero sólo a una derecha política, sino a una derecha económica e intelectual, ya estarían haciendo números a ver si es viable una prensa sensacionalista seria (valga la redundancia) en España. Ahora que Aznar está en el consejo de administración de Murdoch, no estaría de más que le convenciera para estudiar la cosa.
Comments
Libertymad: sin conocer a fondo el género de la prensa sensacionalista, sino, más bien, llevándolo impreso en mi imaginario personal, sí te diré que hay un precedente fallido de prensa sensacionalista en España, que no sé si recordarás. Me refiero al diario "Claro", que se lanzó a finales de los 80 en Madrid, pero con difusión nacional. Fue un proyecto conjunto de "Prensa Española SA" y el alemán "Bild". Curioso: su principal defensor ante la familia Luca de Tena, entonces propietaria de "Prensa Española" (hoy "Vocento") fue Luis María Anson. Anson creía en un proyecto así. Y yo creo que habría que analizar por qué fracasó. Como hipótesis, sugiero que quizá su lanzamiento se produjo en un momento de saturación de la oferta del mercado de diarios. Coincidió con la salida al mercado de El Mundo y El Sol. También habría que entrar a ver el modelo de gestión que siguieron. Una amiga mía llegó a trabajar en "Claro" y me ha comentado en alguna ocasión que la redacción estaba sobredimensionada. Demasiada plantilla. El contexto político, económico y social era otro. España estaba a punto de entrar en la recesión más gorda de la etapa democrática. El felipismo rampante estaba que se salía de poder. Habría que analizar muchas cosas para saber si es un modelo significativo para el presente. En cuanto a su política de contenidos, la desconozco, porque yo era entonces un adolescente y no llegué a conocer el diario. Conociendo a Anson, supongo que se dedicaría al cotilleo de famosos y marquesas, pero siempre con un tono amable y jocoso. No sería ese modelo de contenidos en el que yo estaría pensando, precisamente. Yo iría más por una línea Bild o, como bien apuntas, The Daily Mail, mucho más agresiva, iconoclasta e irreverente. Con muchas dosis de vitriolo y surrealismo. Muy, muy español. Un sensacionalismo a la española. Conociendo esta sociedad a fondo. Partiendo de sus miserias y grandezas. Insisto, ni siquiera sé si existe este modelo. Es algo así como si El Loco de La Colina o Berlanga se pusieran a dirigir un diario. No creo que la prensa gratuita cumpla hoy esa función. Metro y 20 Minutos pertenecen a un grupo escandinavo y alemán, respectivamente. Actúan como una franquicia. Para mí, es prensa popular. El sensacionalismo es otra cosa. Si te fijas, ellos no se salen de la agenda oficial, sólo que le dan otro enfoque, pero están hablando de lo mismo que la prensa llamada "seria". Que si los accidentes de carretera, que si la falta de vivienda, que si la el debate sobre el estado de la nación. Para mí, no hay diferencia entre The Economist y Metro. Y cada vez menos. En uno de los últimos números de The Economist, se publica un artículo titulado "¡Viva Zapatero!". Cualquier publicación que exalte la gestión de un presidente como el que padecemos, para mí, no volverá a ser "serio" en la vida. La prensa popular gratuita opera de modo parecido, siguiendo la agenda de la prensa seria, pero dándole un enfoque llano, superficial. No atacan el estatus quo de los poderosos, asomándose a sus vidas, ni convierten en héroes a gente anónima, lo que, para mí, serían los polos distintivos de una auténtica prensa sensacionalista. En fin, insisto: mi hipótesis es que hay un hueco en el mercado para una prensa sensacionalista a la española, y que los grandes inversores mediáticos, Murdoch, por ejemplo, harían bien en estudiarlo. Un saludo
Posted by: Víctor Gago | Agosto 22, 2006 9:56 AM
Yo soy más partidario de periódicos "serios" con portada y artículos sensacionalistas, como The Daily Mail, que de The Sun, que cuenta muchas tonterías, y cuya veracidad a veces deja mucho que desear -a propósito de Murdoch, también hay prensa basura, que no sensacionalista, como The News of the World.
¿Piensas que se podría lanzar un diario sensacionalista con la competencia de los gratuitos, que a menudo recurren al sensacionalismo también? Yo lo dudo mucho.
Posted by: Pandemonio | Agosto 22, 2006 9:14 AM
Muy lúcido don Víctor. Sabe Dios que tanto usted como yo nos esforzamos en ser periodistas de esa raza. Y, aunque no siempre lo conseguimos, de tanto en tanto tenemos un buen día. ¿Verdad?
Posted by: FDV | Agosto 21, 2006 8:54 PM