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El catolicismo "avanzado" de Ruiz-Gallardón

Alberto Ruiz-Gallardón se identifica con el catolicismo "avanzado" de la Compañía de Jesús. De su diálogo con el director teatral Calixto Bieito publicado este lunes en El País, se deduce la gratitud del alcalde de Madrid hacia los jesuitas, en cuyos centros educativos aprendió a superar el "sentimiento de culpa" por el éxito personal, una "concepción primitiva y atávica del catolicismo" en la que Gallardón sospecha que se encuentra "el origen de la envidia" española.

El político celebra "la mentalidad mucho más avanzada" de la Compañía de Jesús, y al hacerlo, se diría que encuentra un fundamento de autoridad con el que justificar su propia heterodoxia en el Partido Popular. Claro que, para poder justificarla, primero tendríamos que considerar a Alberto Ruiz-Gallardón, hijo de la derecha rancia, dinástica y conservadora, como un auténtico heterodoxo, un adelantado, esa "mentalidad mucho más avanzada" con la que retóricamente se identifica. ¿Lo es? En el citado diálogo, el propio alcalde nos lleva a sospechar razonablemente que sólo es un oportunista disfrazado de heterodoxo.

Que Gallardón no es un "avanzado", ni siquiera un pensador original de la derecha, sino un hábil político conservador al uso lo demuestra esta idea con la que arranca su diálogo con Bieito: "Acepto que tenemos que interpretar, es indudable, pero el guión lo escribimos nosotros y, además, tenemos que improvisar". Un poco más adelante, se le escapará esta confesión sobre el arte de la seducción, un arte "que tiene que cultivar un político".

Actuar, improvisar, seducir,... Gallardón confunde la política con un teatro, típico de un populista, pero eso no tiene nada que ver con la heterodoxia ni con la "mentalidad mucho más avanzada" que parece que reclama el alcalde de Madrid. En el fondo y en la superficie, Gallardón es un representante de la derecha de toda la vida, que no sabe cómo alcanzar el poder con las ideas que ha heredado y las disimula con un barniz progresista porque cree que es lo que la gente, a la que desprecia como conservador que es, quiere ver.

Esta concesión al oportunismo le provoca un examen de conciencia típicamente ignaciano: "No sé si sería capaz de confirmar que todo lo que he querido decir lo he dicho. Probablemente ha sido así, pero también me he dejado mucho en el tintero. Tampoco podemos construir un producto sobre lo que le gusta a la gente porque eso sería prostituirte intelectualmente. ¿A tí todo lo que te ha venido a la cabeza lo has puesto en práctica?", le pregunta el político al dramaturgo. "Sí", responde este. Y Gallardón: "¿Pues sabes lo que es eso? Eso es ser libre".

Veamos. ¿Qué tenemos aquí? 1) Un político que no dice lo que piensa, un político insincero 2) Un político que no quiere "prostituirse intelectualmente" pero que no hace otra cosa que "actuar, improvisar y seducir" para ser elegido. 3) Un político que no se siente libre porque no puede realizar "todo lo que se le viene a la cabeza", un político cautivo, ¿de quién? La pregunta no es "quién", sino "qué": el poder. Gallardón quiere ser libre en el PP para "actuar, improvisar y seducir" como un político del PSOE. Nada que ver con una "mentalidad mucho más avanzada" sino con algo un poco más prosaico, puro instinto de conservación.

A continuación, salta el tema de la "envidia española", indispensable cuando dos triunfadores se ponen a filosofar en el olimpo de El País, el gran escaparate nacional de la vanidad. "A veces los tópicos son ciertos, y tú sabes a qué me refiero", le incita Calixto a Alberto.

"Creo que es un problema de educación", le responde el alcalde. "Hay un concepto que los luteranos y protestantes plantearon de una forma distinta, si es lícito o no el triunfo en este mundo". Pero, ¿de qué demonios está hablando el alcalde-teólogo? Se ve que no fue a clase el día en que los jesuitas dieron la doctrina social de la Iglesia. Porque no encontrará una sola línea en la que se subestime el esfuerzo, el talento y la superación personal. Son cualidades inseparables del mandato de santidad al que llama ese catolicismo "atávico y primitivo" que el alcalde de Madrid desprecia y desconoce. Juan Pablo II consagró la creatividad y la prosperidad individual en dos encíclicas, Laborem Exercens [Sobre el trabajo humano] y Centesimus Annus [sobre la libertad económica y la propiedad privada como derechos naturales]. El alcalde debería consultarlas cada vez que no sepa dónde está la verdad y tenga la tentación de aferrarse al primer guión teatral que le sale al encuentro.

Y luego está esa defensa que Ruiz-Gallardón hace de la Compañía de Jesús como un modelo de catolicismo avanzado, contrapuesto al modelo "atávico y primitivo" que "pasaba por decir que esto es un valle de lágrimas".
El alcalde se siente orgulloso del elitismo ignaciano. "Nos decían: usted tiene que buscar la excelencia y no conformarse con la mediocridad. Eso sí, la excelencia, una vez que la alcanzas, la tienes que compartir". Una fórmula de redistribución genuinamente socialista [de derechas y de izquierdas], en la que una élite alcanza la verdad y el bien y luego los comparten.

Calificar a los jesuitas como una "mentalidad mucho más avanzada" es, como mínimo, controvertido, a la luz del coqueteo de la Compañía de Jesús con el marxismo, desde los años 70. Pablo VI y Juan Pablo II se mostraron preocupados por la deriva política y doctrinal de los jesuitas en el seno de la Iglesia. El Papa Wojtyla intentó, sin éxito, que en el estilo de vida de los jesuitas volvieran a reconocerse las ideas católicas. En La India, donde reside la mayor comunidad de jesuitas del mundo, sus miembros se cuestionan incluso el lugar único de Jesús como Salvador. En el Boston College, un jesuita experto en teología moral, John Paris S.J., defendió que se le retirase la comida y el agua a Terri Schiavo, lo que, de hecho, habría supuesto infligirle la eutanasia. George Weigel señala, en La elección de Dios (Criteria, 2006), que la insostenible situación de la Compañía de Jesús en la Iglesia Católica es uno de los desafíos que tendrá que afrontar Benedicto XVI durante su pontificado.

Curioso paralelismo, la situación de los jesuitas en la Iglesia y la de Gallardón en el PP. En ambos caso, presumen de su lealtad a la institución de la que emanan sus ideas. Los jesuitas se definen como "soldados del Papa" y, por otra parte, es conocido que Gallardón se proclama como el leal escudero de Rajoy en las próximas elecciones generales. Pero, al mismo tiempo, no pueden evitar llevar en la sangre la semilla de la traición por el poder.

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Comments

El paralelismo basado en el paradoja y la seduccion como medios para empatanarse el complejo de superioridad de los jesuitas y el alcalde de la Villa, esta muy bien trobado.

Creo que es bueno que en la Compañía de Jesús haya pluralismo frente al monolitismo inquisitorial del Vaticano. El ultraconservadurismo solo sirve para someter al atraso. Los paises más prósperos en todos los sentidos son los que desarrollaron el aconfesionalismo, el librepensamiento y el pluralismo. Y el PP debería hacer lo mismo y superar la carpetovetonia aznarista tardofranquista y pro-atlantista a la que ellos mismos y sus medios de comunicación amigos se empeñaron en llamar a lo largo de la década de los noventa "centro" aprovechando el declive del felipismo y que ahora solo sirve para hacer el ridículo frente a una derecha realmente europea y civilizada como la de Ruiz Gallardón.

Creo que es bueno que en la Compañía de Jesús haya pluralismo frente al monolitismo inquisitorial del Vaticano. El ultraconservadurismo solo sirve para someter al atraso. Los paises más prósperos en todos los sentidos son los que desarrollaron el aconfesionalismo, el librepensamiento y el pluralismo. Y el PP debería hacer lo mismo y superar la carpetovetonia aznarista tardofranquista y pro-atlantista a la que ellos mismos y sus medios de comunicación amigos se empeñaron en llamar a lo largo de la década de los noventa "centro" aprovechando el declive del felipismo y que ahora solo sirve para hacer el ridículo frente a una derecha realmente europea y civilizada como la de Ruiz Gallardón.

El sector rojelio de la Compañía de Jesús ha favorecido la infiltración marxista en la Iglesia. Lo podemos bautizar como el sector gallardonil.

A este tipo lo veremos clavando sus propuestas en la puerta de La Almudena y acto seguido autonombrandose Jefe de la Iglesia Gallordonista Madrileña.

Una cosa es el desempeño de un cargo electo, que te puede gustar más o menos, y otra distinta sus actitudes personales.

Gallardón hubiera sido un excelente Papa, pero del modelo Borgia. A veces me pregunto cómo es posible que esté durando lo que está durando en la política activa.

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