El desarrollo sostenible no se sostiene
La ministra de Medio Ambiente abrirá el próximo 3 de febrero un ciclo de conferencias sobre desarrollo sostenible organizado por la Real Sociedad Económica de Amigos del País de Las Palmas de Gran Canaria y dirigido por Óscar Bergasa, economista, profesor y destacado socialista [consuegro de Felipe González, por más señas, para los aficionados a la genealogía rosa]. El programa incluirá, además, las aportaciones del presidente del Gobierno de Canarias y del director general de Costas del Gobierno de España.
El enfoque de esta iniciativa es abiertamente favorable a las políticas intervencionistas sobre el desarrollo. Según la intención intelectual declarada por Bergasa, los seres humanos “se tienen que plantear seriamente los problemas de sostenibilidad”, para lo cual es “importante” conocer el criterio de los gobernantes que “tienen la responsabilidad de aplicar políticas y programas de desarrollo y sostenibilidad en nuestro país y en nuestras Islas”.
Por si quedara alguna duda de que el desarrollo ‘sano’ y ‘virtuoso’ es el planificado centralmente por la autoridad política, frente al desarrollo ‘insano’ y ‘vicioso’ resultado de la acción humana en libertad, el ciclo intentará aproximarse a una estimación del “límite del suelo canario”, la vieja patraña intelectual con la que los gobernantes socialistas de todos los partidos han venido justificando la regulación compulsiva de la propiedad y la iniciativa privada en la sociedad.
La idea de que los gobiernos disponen de una información infalible sobre lo que le conviene a la economía, mientras las personas, las familias y las empresas son naturalezas egoístas y devastadoras del bien común, que deben ser atadas en corto, constituye el sustrato mental generalizado en este tipo de ciclos, untados con una supuesta pátina de rigor académico y pluralismo ideológico, que, a la hora de la verdad, se reduce a un prejuicio de carril fijo contra la libertad.
Da igual que los datos empíricos no se compadezcan con su ficción: 30.000 nuevas plazas construidas desde la entrada en vigor de la llamada ‘moratoria turística’, emblema político de las excelsas ventajas del desarrollo sostenible.
Da igual que los efectos del exceso de regulación sean los contrarios de los objetivos pregonados por los gobernantes intervencionistas: Canarias tiene la cesta de la compra más cara y el mercado de la distribución alimentaria más cautivo de España, en el que abrir un nuevo establecimiento comercial de cierta dimensión puede suponer “un auténtico calvario” para quien lo intenta, según ha dictaminado el Tribunal de Defensa de la Competencia en una resolución del pasado mes de diciembre de 2005.
Da igual que las Administraciones Públicas sean las primeras infractoras de las regulaciones que sus gobernantes promueven: la aplicación de la legislación sobre el suelo está plagada de casos en los que Ayuntamientos, Cabildos y el propio Gobierno autónomo discrepan sobre cómo interpretarla o, directamente, hacen de su capa un sayo y cada uno la aplica a discreción de sus intereses políticos.
Da igual la realidad, en definitiva: los gobernantes socialistas y nacionalistas siempre encontrarán foros como éste, generalmente subvencionados, donde disfrazar los hechos y acomodar los análisis falsos a las ideas equivocadas.
Todo un fraude intelectual en cuya trampa no dudan en caer instituciones de meritoria tradición ilustrada y liberal, como la Real Sociedad Económica de Amigos del País de Las Palmas de Gran Canaria.
El único desarrollo sostenible es el que sostienen las personas, y no los gobiernos. Ningún gobierno tiene más información de la que tienen las personas, las empresas y las familias sobre las decisiones necesarias para su propia prosperidad y su calidad de vida. Ningún gobierno está más interesado que las personas, las empresas y las familias en un crecimiento económico respetuoso con el legado natural. Ningún gobierno es más virtuoso que sus contribuyentes para saber lo que les conviene a estos. Ningún gobierno dispone de un poder más eficaz para prevenir o corregir los efectos indeseados del progreso que la auto-regulación de los actores de una economía libre y abierta.
La eficiencia de un sistema económico se mide hoy por su capacidad para preservar y transmitir el legado natural. La experiencia demuestra que nadie hace mejor ese trabajo que una sociedad libre y civilizada. Las economías que no integran su patrimonio ecológico como un activo capaz de producir conocimiento y riqueza, sencillamente, quedan atrás. Nadie mejor que la sociedad conoce este desafío, y lo que necesita es que los gobiernos remuevan obstáculos para afrontarlo, no que los creen.
Hay suficientes datos como para concluir que el socialismo y su anexo contemporáneo, el nacionalismo, han fallado en todos sus pronósticos.
En los años 70, se estimó en 531.000 millones de barriles la reserva de petróleo en el mundo, y en 16.500 millones de barriles/año, el consumo mundial de este recurso. Según esta sencilla función matemática, el mundo debería haberse quedado sin petróleo hacia el año 2000, aproximadamente. El hecho, sin embargo, es que a comienzos del siglo XXI, las reservas de petróleo habían aumentado a un billón de barriles, a pesar de que el mundo estaba consumiendo unos 26.000 millones de barriles al año.
¿Cuál es la lección? Los gobernantes intervencionistas subestiman el poder de la acción humana para innovar. El conocimiento y la tecnología, su evolución en libertad, es el medio más eficaz del que dispone la especie contra su extinción.
La ministra socialista de Medio Ambiente, que abrirá el ciclo sobre desarrollo sostenible de la Real Sociedad Económica de Amigos del País, encargó un informe a venerables expertos académicos, que predice la desertización total de la Península Ibérica si no se adoptan políticas de racionamiento del consumo de agua, suelo y otros recursos naturales. No ha pasado ni un año desde su profecía sobre los efectos del calentamiento global, y ya estamos pasando por uno de los inviernos más fríos y lluviosos que se recuerdan en Europa (España y Canarias incluidas). ¿Tendremos que seguir perdiendo oportunidades de innovación, de calidad de vida y de crecimiento hasta llegar a la conclusión, dentro de otros treinta años, de que también en esto se equivocaron los profetas del socialismo?
El desarrollo sostenible no debería tener que ver con el intervencionismo y la arbitrariedad de los gobernantes, y sí con el estímulo de la innovación y la competitividad de la acción humana en libertad. En Canarias, las políticas públicas en vigor no sólo no fomentan, sino que erigen obstáculos, a veces insuperables, al conocimiento y la excelencia. Son políticas contra el desarrollo sostenible. Que una institución servicial a Canarias durante más de dos siglos, como la Real Sociedad Económica, las difunda entre los universitarios, desmerece una trayectoria bicentenaria de luces y emancipación.
Comments
Enhorabuena y me alegro de leerte de nuevo
Posted by: Antonio Salazar | Febrero 2, 2006 11:48 AM