« Hablar por hablar en Bagdad | Main | El derrotismo como estrategia antiterrorista »

Un test inconveniente para el PP (*)

En un clima de aturdimiento cosmopolita por los estragos de la guerra contra el terror, el PP se equivocaría si enfocara las Elecciones Europeas de junio como un test de idoneidad de sus posiciones de fondo, estrategia y equipo directivo. Un mal paso aún más frustrante, en un terreno alambrado por el miedo y la demagogia antibelicista, será pretender que esos comicios restituyan el apoyo popular mayoritario que la campaña de intoxicación posterior a la masacre del 11-M consiguió laminar.

Las cartas de la próxima competencia electoral están marcadas en su contra: aislado en las Cortes, amedrentado en la calle, calumniado en los medios, nunca un partido al que respaldan casi diez millones de personas va a estar tan solo en la defensa de su programa. Por si fuera poco, las presidenciales norteamericanas acentuarán la prominencia de la postguerra de Irak en la agenda global, de aquí a noviembre. Caos, fracaso del poder americano y vietnamización perfilan la foto fija que la jauría española de la información y el entretenimiento, infestada de prejuicios y desvergonzada enemiga de la reelección de Bush, transmitirá machaconamente a sus consumidores. El equipo de Mariano Rajoy tiene que descontar ya una nueva derrota, por pragmatismo y por genuina ambición.

Por pragmatismo, porque nada en el corto horizonte de junio invita a adelantar que los electores acudirán a las urnas con una motivación racional. Plantear la campaña sobre la base de una infundada expectativa de resarcimiento de la derrota del 14-M sólo conseguirá infligir una presión estéril a Rajoy antes del recuento y frustrar a su electorado después del mismo. Es difícil que el PP pueda movilizar un solo voto más de los 9,7 millones obtenidos el pasado 14-M. En cambio, es harto probable que la máquina del respaldo popular no pueda volver a ser forzada al grado que lo fue bajo la conmoción por los atentados del 11-M. La suposición más verosímil –y menos adversa para el PP–, es la de una desmovilización general, de la que el PSOE será siempre el más perjudicado, precisamente porque su victoria en las Generales se produjo por una movilización compulsiva, fundamentalmente de los jóvenes. Al PP puede interesarle, ahora sí, una campaña de las llamadas "de perfil bajo".

Por ambición, porque la auténtica misión del PP de Rajoy consiste en lograr que la sociedad española conecte con el legado de Aznar. La zancada histórica por la que España se ha situado en la primera línea de la naciones conlleva compromisos y obligaciones que no han sido asimilados por los españoles, en gran medida porque no se les han explicado adecuadamente. No sólo la España que deja Aznar es incomparablemente más próspera y universal que la que encontró, también el mundo tiene amenazas para la seguridad y la libertad, ante las que el derecho internacional, los servicios de inteligencia y la disuasión multilateral se han revelado incompetentes. El análisis legado por Aznar es correcto: sólo la fuerza de Estados Unidos puede derrotar el mal; sólo extendiendo la democracia y la economía de mercado, si es preciso por la fuerza, se pondrán las bases de un mundo seguro; para las naciones occidentales, indistintamente amenazadas por el terror, precisamente por ser occidentales y libres, sólo habrá seguridad a largo plazo uniéndose al poder americano.

El legado de Aznar no es de esta generación, sino de la siguiente. Rajoy y su equipo necesitan una perspectiva mayor que las Elecciones europeas para preparar a esa próxima era de españoles en la gestión de los frutos de lo que España representa hoy en el mundo. Una señal preventiva contra la tentación de asignar a las Europeas un papel estratégico sobreponderado es, precisamente, el interés socialista en concurrir a ellas como a "una segunda vuelta del 14-M", según la conocida exhortación de Felipe González. El relanzamiento del PP no comienza en estos comicios de junio, sino en el congreso del partido el otoño próximo. En esa cita es donde debe volcarse el sucesor de Aznar, de ahí debe extraer el poder, la libertad y la perspectiva necesarias del liderazgo que necesita el PP y de la derecha que necesita España.

(*) Artículo publicado en Libertad Digital el Jueves Santo, 8 de abril de 2004.

Comments

Rajoy no va a ganar ni al parchis. ZP es imbatible hoy por hoy, basta verle la carita de niño bueno, a medias de "buen salvaje" russoniano y Forrest Gump. No es que convenza a sus electores, es que los derrite... En cambio Rajoy es un tipo feo que necesita esconderse tras una barba, si basta con que se la deje crecer un poco pa que le confundan con Bin Laden. Donde va el PP así, na de na.

Mariano no va a ganar ni al parchis a ZP, su desastrosa política en medios de comunicación, hará que reciba mas palos que una estera, asi que ya puede irse preparando para el larguisimo invierno que nos espera a todos.